Efrén González y el Muro de los Muertos: una tradición que nació en Ajijic

Lo que comenzó en 2016 como un proyecto artístico para honrar la memoria de los habitantes de Ajijic es hoy uno de los referentes de las celebraciones de Día de Muertos en esta población.

Hay tradiciones que nacen de una costumbre transmitida de generación en generación. Otras comienzan con una idea, la sensibilidad de un artista y la voluntad de convertirla en algo que trascienda el tiempo. La historia del Muro de los Muertos, en Ajijic, pertenece a esta segunda categoría.

El 28 de julio de 2016, La Voz de la Ribera publicó una entrevista en la que el artista ajijiteco Efrén González presentó un proyecto al que llamó El Muro de los Muertos, una propuesta artística concebida como un homenaje a las personas que habían formado parte de la historia de esta comunidad.

La iniciativa contemplaba la elaboración de alrededor de mil calaveras de arcilla, cada una con el nombre o sobrenombre de algún habitante de Ajijic. La intención era reunir, en un mismo espacio, la memoria de quienes habían vivido en la población y dejado una huella en ella.

El mural comenzó a tomar forma en una pared ubicada en el cruce de las calles Marcos Castellanos y Parroquia, en pleno centro de la localidad. Con una extensión aproximada de 25 metros, el proyecto buscaba convertirse en un registro colectivo de los personajes que, a través de distintas generaciones, habían contribuido a construir la historia de Ajijic.

La propuesta tenía un elemento particularmente significativo: cada calavera contaría con un pequeño orificio para colocar un soporte con una vela. Durante los días 1 y 2 de noviembre, las luces iluminarían los nombres de quienes ya no estaban, convirtiendo el mural en un espacio de encuentro entre la memoria, la tradición y el recuerdo.

En aquella publicación, González informó que aproximadamente el 30 por ciento de los espacios ya contaba con nombres y extendió una invitación a las familias para acudir a su galería y proponer a sus seres queridos. De esta manera, la comunidad tendría una participación directa en la construcción de esta memoria colectiva.

Para llevar adelante el proyecto contó con la colaboración de Carlos Real y de su hermano Guillermo González. En julio de aquel año, el artista esperaba concluir los trabajos antes de finalizar octubre, con la intención de que el muro estuviera listo para las celebraciones de Día de Muertos.

Diez años después de aquella presentación, el proyecto ha trascendido su propósito inicial y se ha convertido en uno de los referentes de esta festividad en Ajijic. El encendido tradicional de velas, que este domingo volvió a congregar a personas alrededor del mural, da cuenta de cómo una iniciativa artística puede encontrar un lugar permanente en la vida de una comunidad.

A través de sus redes sociales, Efrén González compartió una reflexión sobre lo que representa este recorrido: «No es nada fácil crear una tradición. Yo puedo decirlo: HE CREADO UNA HERMOSA TRADICIÓN».

Una afirmación que encuentra sentido al mirar hacia atrás, hasta aquel 2016, cuando el Muro de los Muertos todavía era un proyecto en construcción y sus mil calaveras apenas comenzaban a llenarse de nombres.

Hoy, cada vela encendida representa una historia, una familia y un recuerdo. Porque preservar la memoria de quienes nos precedieron también es una manera de mantener viva la identidad de un pueblo.

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